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Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmos 40:1
Todos los que hemos pasado por la etapa del noviazgo sabemos muy bien lo que se siente al estar esperando que Dios responda esa tan ansiada petición como lo es: ¿Quién será la chica con la que me casare?
La mayoría de jóvenes quisieran pedirle a Dios que les respondiera esta pregunta a mas tardar en unos cinco minutos y los mas “espirituales” le dan un día completo.
Pero lo que a mi me urge, muchas veces a Dios no, y es ahí en donde entramos en la tan famosa etapa de “Esperar en Dios”.
Posiblemente tu dices: “Yo tengo treinta años y sigo esperando y nada de nada, Dios no responde”, esta claro también que Dios no te llevara a esa persona y con voz de trueno te dirá: “esta es la elegida”, ¡Claro que no!, dependerá mucho de ti el saber interpretar el momento adecuado para que eso se concrete, ya en otra ocasión profundizare sobre esa etapa, en este momento la pregunta seria:
Puede que no estemos allí para predicar el evangelio, pero nuestras oraciones son capaces de llegar muy lejos. No nos olvdemos de orar cada día por aquellos que aún no conocen a Jesús como salvador.
El libro de Lucas nos dice que Jesús reunió a 70 de Sus discípulos y le dio ellos instrucciones para curar a los enfermos y predicar el evangelio en todas las ciudades que tenían que visitar muy pronto.
Y los resultados fueron ¡asombrosos! "Entonces los setenta regresaron con gozo, diciendo: "Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre". Lucas 10:17.
Me imagino la alegría de estos discípulos experimentaron, ya que se dieron cuenta de las grandes cosas que Dios había hecho a través de ellos. Y yo creo que escuché un eco de aquella misma alegría cuando dos hombres jóvenes regresaron a casa con buenas noticias sobre lo que Dios había hecho a través de ellos n su amado país Guatemala.
"Dios os trata como a hijos; porque¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?" Romanos 12:7
El amor de Dios se compara con el amor que tiene un padre hacia su hijo. Es por eso, que a veces, Dios tiene que enseñarnos, a fin de perfeccionar nuestro carácter y llegar a ser más perfectos en él.
Cierto es, que al igual que un padre, Dios primeramente nos da la oportunidad de cambiar y de hacer las cosas bien sin tener que llegar a la disciplina. Pero a veces, el ser humano es tan testarudo, que a Dios no le queda más remedio que usar otras formas de enseñarnos algunas lecciones.
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